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En el antiguo tomo de los druidas, el Scéal Fada, está
escrito que Bul-Kathos, el gran y antiguo rey de las tribus bárbaras,
confía en un misterioso confidente, al que se hace referencia sólo
como Fiacla-Géar. A veces se describe a este hombre como el amigo más
íntimo de Bul-Kathos y, en otros momentos, se hace referencia a él
como su hermano.
Fuere cual fuere su relación, estaban muy unidos y
compartían los secretos de sus ancestros: los que hablaban de los misterios
ocultos bajo la cima del monte Arreat, de la venerada misión de protección
de dichos misterios por parte de su gente y de las profecías relacionadas
con los oscuros tiempos que estaban por llegar. Ambos estaban de acuerdo en
que, para cumplir con su tarea sagrada, su gente debería consagrarse
a esta empresa. Sin embargo, no se ponían de acuerdo en cuál era
exactamente la mejor forma de llevar esto a cabo. Bul-Kathos creía que
solo si se unían las tribus y las entrenaban en una estricta disciplina
marcial, podrían realmente concentrarse en su objetivo durante generaciones.
Fiacla-Géar, por otro lado, pensaba que sólo si conseguían
la unión espiritual con la tierra que habían jurado proteger podrían
realmente apreciar la importancia de su labor. Ambos estaban de acuerdo en que
la filosofía del contrario tenía su valor y, por lo tanto, cuando
Bul-Kathos unió a las tribus, Fiacla-Géar reunió a un pequeño
grupo compuesto de los guerreros-poetas y chamanes más importantes de
las tribus y se retiró, envuelto en el misterio, al bosque que rodeaba
la zona conocida como Scosglen. Allí, el y su gente crearon la primera
escuela de druidas: unas enormes torres de piedra sin mortero, cubiertas de
lianas y escondidas para su seguridad bajo las hojas de la bóveda del
denso bosque. Allí vivieron desde ese momento, creando para sí
mismos una nueva forma de vida. Crearon una nueva cultura y lenguaje, alejándose
de sus parientes los bárbaros y de sus costumbres, jurando que no volverían
nunca a las estepas del monte Arreat hasta que llegase el momento de Uileloscadh
Mór: la batalla final entre los hombres de este mundo y los demonios
del infierno.
Aquí, como preparación para el inminente conflicto,
les enseñó el Caoi Dúlra, una forma de pensar, en cuyo
núcleo de creencias intrínsecas se encuentra la armonía
con los objetos naturales del mundo, sus plantas y animales, ya que son la personificación
del mundo que los druidas han jurado proteger. No solo Caoi Dúlra era
la base de su sistema de valores sino que, además, a través de
su estudio y puesta en práctica los druidas aprendieron el vínculo
con las entidades naturales de Santuario. Esta unión era tan absoluta
que después de un tiempo descubrieron cómo hablar a las plantas
y animales, y estos seres comenzaron a revelarles los secretos del mundo natural.
Les enseñaron los métodos para llamar a los animales desde muy
lejos, para convocar a plantas centinelas de la tierra, para cambiar su propia
apariencia y para compartir sus fuerzas con sus parientes animales; incluso
les enseñaron, hasta un cierto límite, métodos para controlar
el tiempo.
En el Túr Dúlra, la mayor escuela de druidas,
se encuentra el magnífico roble Glór-an-Fháidha. Este árbol
es la fuente más venerada para los druidas, como guía y por sus
enseñanzas. Bajo sus ramas, durante siglos, los druidas de Scosglen pusieron
a punto no sólo su poderoso arsenal de magia natural, sino también
las habilidades marciales que retuvieron de sus ancestros bárbaros. Actúan
de este modo porque piensan que serán la última línea de
defensa llegado el momento del gran conflicto, un momento que a su parecer está
a punto de llegar. Tras la reciente aparición de habitantes infernales
y del Leathdhiabhala –corrupciones demoníacas de todas las criaturas
que los druidas habían jurado defender-, no han tenido más remedio
que salir de sus bosques y enfrentarse a los últimos esbirros del caos.
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